inmaculada y a una fácil digestión, dormía bien)— mediante el profundo interés de un cuento (sobre una rata y un gato negro, creo) que le estaba narrando (todo en voz baja, por supuesto) a su hermana. Cuando rompió el día, da la casualidad de que esta historia no estaba del todo terminada, y que Scherezada, por la propia naturaleza de las cosas, no podía concluirla justo en ese momento, ya que era la hora de levantarse y ser estrangulada con una cuerda de arco —¡una cosa muy poco más agradable que la horca, solo que un ápice más distinguida!
Sin embargo, la curiosidad del rey, prevaleciendo, lamento decirlo, incluso sobre sus sólidos principios religiosos, le indujo por esta única vez a posponer el cumplimiento de su voto hasta la mañana siguiente, con el propósito y la esperanza de escuchar esa noche cómo había terminado el asunto entre el gato negro (un gato negro, creo que era) y la rata.
Llegada la noche, sin embargo, la dama Sherezade no solo dio el toque definitivo al gato negro y a la rata (la rata era azul), sino que, antes de darse bien cuenta de lo que hacía, se vio envuelta de lleno en las complejidades de una narración relacionada (si no me equivoco del todo) con un caballo rosado (con alas verdes) que marchaba, de manera violunta, a través de un mecanismo de relojería, y al que se le daba cuerda con una llave de añil. Con esta historia el rey quedó aún mucho más profundamente interesado que con la otra —y, como el día despuntó antes de su conclusión (a pesar de todos los esfuerzos de la reina por terminarla a tiempo para la decapitación con cuerda de arco), no hubo de nuevo más recurso que posponer dicha ceremonia como antes, por veinticuatro horas. La noche siguiente ocurrió un accidente similar con un resultado similar; y luego la siguiente— y de nuevo la siguiente; de modo que, al final, el buen monarca, viéndose inevitablemente privado de toda oportunidad de cumplir su voto durante un periodo de nada menos que mil y una noches, o bien lo olvida por completo al expirar este tiempo, o logra que lo absoluevan de la manera habitual, o (lo que es más