de aquella carnicería. ¿Cómo se va a sospechar jamás que una bestia bruta haya cometido el crimen? La policía anda perdida; no ha logrado hallar el más leve rastro. Incluso si rastreasen al animal, sería imposible probar que yo tenía conocimiento del asesinato, o implicarme en la culpa a causa de ese conocimiento. Sobre todo, estoy fichado. El anunciante me señala como el poseedor de la bestia. No estoy seguro de hasta dónde pueda extenderse su conocimiento. Si evito reclamar una propiedad de tan gran valor, que se sabe que poseo, haré que el animal, como mínimo, sea objeto de sospecha. No me conviene atraer la atención ni hacia mí ni hacia la bestia. Responderé al anuncio, recuperaré al orangután y lo mantendré bien oculto hasta que este asunto se haya olvidado» —.
En este momento oímos un paso en la escalera.
—Estad preparados —dijo Dupin— con vuestras pistolas, pero ni las uséis ni las mostréis hasta