justeza, con la mirada práctica y desde el punto de vista particular de los traficantes de noticias y vendedores del drama de la vida a tanto la línea, tal como los comerciantes examinan, manosean y sopesan los artículos destinados a la venta.
Luego se trataba de un duelo, y Jacques Rival habló. Este era su asunto; nadie más podía manejarlo.
Duroy no se atrevía a decir palabra. Miraba de vez en cuando a su vecina, cuyo generoso busto lo cautivaba. Un diamante, suspendido por un hilo de oro, pendía de su oreja como una gota de agua que hubiera resbalado por ella.
De vez en cuando hacía una observación que siempre arrancaba una sonrisa en los labios de quienes la escuchaban. Poseía un ingenio pintoresco y agradable, el de una muchacha traviesa y experimentada que contempla las cosas con indiferencia y las juzga con un escepticismo frívolo y benévolo.