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IX

Duroy pasó los brazos alrededor de la cintura de su mujer y la apretó contra su pecho. Su reciente deseo vehemente se había trocado en uno más tierno, en un anhelo de pequeñas caricias consoladoras, de esas con las que mecemos a los niños.

Murmuró suavemente:

«Te querré muchísimo, mi pequeña Made».

The softness of his voice stirred the young wife, and caused a rapid thrill to run through her. She offered her mouth, bending towards him, for he was resting his cheek upon the warm pillow of her bosom, until the whistle of the train announced that they were nearing a station. She remarked, flattening the ruffled locks about her forehead with the tips of her fingers:

“It was very silly. We are quite childish.”

Pero él le besaba las manos a su vez con una rapidez febril y replicaba: «Te adoro, mi pequeña Made».

Hasta que llegaron a Ruan permanecieron casi inmóviles, mejilla contra mejilla, con los ojos vueltos hacia la ventana, a través de la cual, de vez en cuando, se veían las luces de las casas en la oscuridad, satisfechos de sentirse tan cerca el uno del otro, y con la creciente anticipación de un abrazo más libre y más íntimo.

Se alojaron en un hotel con vistas al muelle, y se fueron a la cama después de una cena muy apresurada.

La camarera los despertó a la mañana siguiente cuando daban las ocho. Una vez que hubieron bebido la taza de té que ella había dejado sobre la mesita de noche, Duroy miró a su esposa y de repente, con el impulso gozoso del hombre afortunado que acaba de hallar un tesoro, la estrechó entre sus brazos exclamando:

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