Él murmuró, con vergüenza:
—Oh, no; eso lo compartiremos. Aun renunciando a cincuenta mil francos cada uno, todavía nos queda un millón limpio.
Añadió:
—Adiós, pues, por ahora, Made.
Y se fue a explicar al notario el plan que, según él aseguraba, había ideado su esposa.
Firmaron al día siguiente una escritura de donación de quinientos mil francos, a los que Madeleine Du Roy renunció en favor de su esposo. Al salir de la notaría, como el día era hermoso, George sugirió que caminaran hasta los bulevares. Se mostró amable y lleno de atenciones y afecto. Reía, complacido con todo, mientras ella permanecía pensativa y un tanto