haber leído esta noticia, recibió una esquela de Madame Walter en la que le rogaba que fuera a cenar con ella esa noche, junto con su esposa, para celebrar sus nuevos honores. Dudó unos instantes y luego, arrojando al fuego aquella esquela redactada en términos ambiguos, le dijo a Madeleine:
“Esta noche vamos a cenar a casa de los Walter”.
Se quedó asombrada.
«Vaya, pensé que jamás volverías a poner los pies en la casa».
Él se limitó a comentar:
«He cambiado de opinión».
Cuando llegaron, Madame Walter estaba sola en el pequeño gabinete Luis XVI que había adoptado para recibir a sus amigos íntimos.