«No te permitiré que me hables así. Olvidas que a mí no me han criado como a ti, detrás de un
Él se quedó un momento estupefacto, y luego lanzó un furioso «¡Maldita sea!» y salió precipitadamente, dando un portazo tras de sí.
En cuanto se vio sola, se dirigió instintivamente al espejo para ver si algo había cambiado en ella, tan imposible y monstruoso le parecía lo que había ocurrido. ¡Susan enamorada de Chico Lindo, y Chico Lindo queriendo casarse con Susan!
No, se había equivocado; no era verdad. La muchacha había sentido una inclinación muy natural por este apuesto joven; había esperado que se lo dieran por esposo y había montado su pequeña escena porque quería salir con la suya. Pero él... él no podía ser cómplice de aquello.
Reflexionó, turbada, como quien se halla ante grandes catástrofes. No, Chico Lindo no podía saber nada de la travesura de Susan.
Pensó durante mucho tiempo en la posible inocencia o perfidia de aquel hombre.
¡Qué canalla, si había preparado el golpe! ¡Y qué pasaría! Qué peligros y tormentos presagiaba.
Si él no sabía nada, aún se podía arreglar todo. Viajarían con Susan durante seis meses y se habría acabado.
¿Pero cómo podría encontrarse a solas con él después? Pues aún le amaba. Esta pasión se había metido en su ser como esas puntas de flecha que no se pueden extraer. Vivir sin él era imposible. Tanto le valdría morir.
Sus pensamientos vagaban en medio de estas agonías e incertidumbres.