«¿Cómo sabes
Él respondió:
«Me disculpará que no se lo diga. Usted tiene sus medios de información, que no pretendo averiguar. Yo tengo los míos, que deseo guardarme para mí. Puedo, en cualquier caso, responder de la exactitud de mi información».
Entonces ella murmuró: «Sí, es muy posible. Me figuraba que se traían algo entre manos sin nosotros».
Pero George, que ya no tenía sueño, se había acercado a su mujer y le besó suavemente la oreja. Ella lo repelió con brusquedad.
«Te ruego que me dejes en paz. No estoy de humor para retozar».
Él se volvió resignado hacia la pared y, tras cerrar los ojos, terminó por quedarse dormido.