sudando hielo; la tierra resonaba bajo las pisadas, el aire seco transportaba el más leve sonido a lo lejos, el cielo azul parecía brillar como un espejo y el sol, deslumbrante y frío a la vez, arrojaba sobre el universo helado rayos que no calentaban nada.
Rival le observó a Duroy: «Compré las pistolas en lo de Gastine Renette. Las cargó él mismo. La caja está precintada. Nos jugaremos a cara o cruz, además, si usamos estas o las de nuestro adversario».
Duroy respondió mecánicamente:
«Le estoy muy agradecido».
Luego Rival le dio una serie de recomendaciones circunstanciales, pues temía que su principal cometiera algún error. Recalcó cada punto varias veces, diciendo:
«Cuando digan: “¿Están listos, caballeros?”, usted debe responder “Sí” en voz alta. Cuando den la orden de “¡Fuego!”, debe levantar el brazo rápidamente y disparar antes de que terminen de contar “Uno, dos, tres”».