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XVIII

Había corrido una gran cantidad de rumores al respecto sin que nadie supiera la verdad exacta. Circulaban diferentes versiones. Se rumoreaba que había tenido lugar una fuga, pero nadie estaba seguro de nada. Según los sirvientes, la señora Walter, que ya no quería dirigirle la palabra a su futuro yerno, se había envenenado de rabia la misma noche en que se decidió el enlace, tras haberse llevado a su hija a un convento a medianoche. La habían traído de vuelta casi muerta. Desde luego, jamás se recuperaría. Ahora tenía el aspecto de una anciana; su pelo se había vuelto completamente gris y le había dado por la religión, comulgando todos los domingos.

A principios de septiembre, la Vie Francaise anunció que el barón Du Roy de Cantel se había convertido en redactor jefe, conservando el señor Walter el cargo de director.

Se contrató a un batallón de conocidos escritores, reporteros, redactores políticos y críticos de arte y teatro, apartados de importantes periódicos tradicionales a base de influencia monetaria.

Los viejos periodistas, los serios y respetables, ya no se encogían de hombros al hablar de la Vie Francaise. Un éxito rápido y rotundo había borrado el desprecio de los escritores serios hacia los inicios de este diario.

El matrimonio de su redactor jefe fue lo que se da en llamar un acontecimiento parisino, pues Georges Du Roy y los Walter habían despertado mucha curiosidad desde algún tiempo atrás. Toda la gente de la que hablan los periódicos prometió estar allí.

El evento tuvo lugar en un brillante día de otoño.

A las ocho de la mañana, la visión de los empleados de la Madeleine extendiendo una ancha alfombra roja por la escalinata que domina la

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