vivacidad: > «Muy bien, esperaré, pero no seré capaz de decir una docena de palabras hasta que lleguemos a Ruán. Y recuerde que solo vamos de paso por
—Entonces hablaré yo —dijo ella, y se sentó en silencio a su lado.
Hablaba con precisión de lo que harían a su regreso. Debían conservar el conjunto de aposentos en los que ella había residido con su primer marido, y Duroy heredaría también las funciones y el sueldo de Forestier en La Vie Française. Antes de su unión, además, ella había trazado, con la seguridad de un hombre de negocios, todos los detalles financieros de su hogar. Se habían casado bajo un régimen de separación de bienes, y cualquier eventualidad que pudiera surgir —muerte, divorcio, el nacimiento de uno o más hijos— estaba debidamente contemplada. El joven aportaba un capital de cuatro francos, decía, pero de esa suma había tomado prestados mil quinientos. El resto se debía a ahorros efectuados durante el año con vistas al acontecimiento. La aportación de ella era de cuarenta mil francos, que, según afirmó, le había dejado Forestier.
Volvió a ser tema de conversación.
«Era un muchacho muy formal, ahorrativo y trabajador. Habría hecho fortuna en muy poco tiempo».
Duroy no longer listened, wholly absorbed by other thoughts. She stopped from time to time to follow out some inward train of ideas, and then went on:
“In three or four years you can be easily earning thirty to forty thousand francs a year. That is what Charles would have had if he had lived.”