«Sí, Niño bonito, me casaría contigo, pues me agradas mucho más que cualquiera de los
Él se levantó y balbuceó:
«Gracias, gracias; no le diga "sí" a nadie todavía, se lo ruego; espere un poco más, se lo suplico. ¿Me promete esto al menos?».
Ellamurmuró, algointranquila, ysinentenderloqueéldeseaba:
«Sí, te lo prometo».
Du Roy arrojó el trozo de pan que aún tenía en la mano al agua, y huyó como si hubiera perdido la cabeza, sin despedirse de ella. Todos los peces se precipitaron ávidos hacia aquel pedazo de miga, que flotaba por no haber sido amasado con los