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V. Two Months Had Gone By

Puesto que ella tenía caprichos que él por el momento no podía satisfacer por sí mismo, ¿no era natural que ella los pagara en vez de quedarse sin ellos? Además, llevaba la cuenta de todo lo que recibía de ese modo, para devolvérselo algún día.

Una noche ella le dijo:

«¿Creerías que nunca he estado en las Folies Bergère? ¿Me llevarías allí?»

Él dudó un momento, temeroso de encontrarse con Rachel. Luego pensó:

«¡Bah! Después de todo, no estoy casado. Si esa muchacha me ve, comprenderá cómo están las cosas y no me hablará. Además, tendremos un palco».

Otra razón contribuyó a su decisión. Estaba muy contento con esta oportunidad de ofrecer a Madame de Marelle un palco en el teatro sin que le costara nada. Era una especie de compensación.

La dejó en el coche mientras iba a buscar la localidad para el palco, para que ella no viera cómo se lo ofrecían, y luego fue a buscarla.

Entraron y el subdirector los recibió con reverencias. Una multitud inmensa abarrotaba el ambigú, y les costó mucho abrirse paso entre aquella marabunta de hombres y mujeres.

Por fin llegaron al palco y se instalaron en él, encerrados entre la orquesta inmóvil y el bullicio de la galería. Pero Madame de Marelle rara vez miraba al escenario. Absorta por completo en las mujeres que paseaban a sus espaldas, se volvía sin cesar para mirarlas, con el deseo de tocarlas, de palpar sus corpiños, sus faldas, sus cabellos, de saber de qué estaban hechas aquellas criaturas.

De repente ella dijo:

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