disgustada. > “Ya ve, príncipe, que todo entre nosotros son secretos ahora mismo, solo secretos. Parece ser la etiqueta de la casa, por hache o por be. Una tontería estúpida, y en un asunto que debería abordarse con toda franqueza y sinceridad. Se está hablando de un matrimonio, y a mí no me gusta ese
—Mamá, ¿qué estás diciendo? —volvió a decir Alexandra, apresuradamente.
“Well, what, my dear girl? As if you can possibly like it yourself?
The heart is the great thing, and the rest is all rubbish—though one must have sense as well.
Perhaps sense is really the great thing. Don’t smile like that, Aglaya. I don’t contradict myself.
- A fool with a heart and no brains is just as unhappy as a fool with brains and no heart.
I am one and you are the other, and therefore both of us suffer, both of us are unhappy.”
—¿Por qué eres tan infeliz, madre? —preguntó Adelaida, que era la única de toda la compañía que parecía haber conservado su buen humor y su alegría hasta ese momento.
—En primer lugar, debido a mis hijas educadas con esmero —dijo la señora Yepanchín con cortante acidez—; y como esa es la mejor razón que puedo daros, no necesitamos preocuparnos por ninguna otra de momento. ¡Basta ya de palabras! Veremos cómo os las arregláis las dos (a Aglaya no la cuento) con vuestros asuntos, y si vos, mismísima y reverenciada Alexandra Ivánovna, sois feliz con vuestro excelente partido.