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El príncipe la dejó a las once, lleno de estos pensamientos, y se fue a casa. Pero no daban aún las doce cuando llegó un mensajero para decirle que Nastasia estaba muy mal, y que tenía que ir inmediatamente.

Al regresar apresuradamente, encontró a su prometida encerrada en su propia habitación y pudo oír sus gritos y sollozos histéricos. Pasó un buen rato antes de lograr que oyera que el príncipe había llegado, y entonces ella abrió la puerta apenas lo suficiente para dejarlo entrar, y la cerró con llave inmediatamente tras él. Luego se arrojó a sus pies. (Al menos eso fue lo que relató Dana Alekséyevna).

—¿Qué estoy haciendo? ¿Qué te estoy haciendo? —sollozó convulsamente, abrazándose a sus rodillas.

El príncipe estuvo una hora entera calmándola y consolándola, y al fin la dejó pacificada y serena. Envió a otro mensajero durante la noche para saber de ella, y a otros dos a la mañana siguiente. El último

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