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V

Ahora estaba cansado de la soledad; una nueva avalancha de sentimientos se apoderó de él, y un torrente de luz ahuyentó la penumbra, por un momento, de su alma. Sacó un billete para Pávlovsk y decidió llegar allí lo más rápido posible, pero algo lo detuvo; una realidad, y no una fantasía, como se inclinaba a creer. Estaba a punto de ocupar su lugar en un carruaje, cuando de repente tiró su billete y volvió a salir, turbado y pensativo. Pocos momentos después, en la calle, recordó algo que lo había estado molestando toda la tarde. Se sorprendió a sí mismo dedicado a una extraña ocupación que ahora recordaba haber retomado a ratos durante las últimas horas: consistía en mirar a su alrededor en busca de algo, no sabía qué. Lo había olvidado por un rato, media hora más o poco más, y ahora, de repente, la inquieta búsqueda había recomenzado.

Pero apenas hubo cobrado conciencia de este curioso fenómeno, cuando otro recuerdo cruzó de repente por su cerebro, interesándole en extremo por el momento.

Recordó que la última vez que se habíadedicado a buscar a su alrededor ese algo desconocido, se encontraba ante la cuchillería en cuyo escaparate se exponían a la venta ciertos artículos.

Tenía ahora un vivo deseo de descubrir si aquella tienda y aquellos artículos existían realmente, o si todo aquello no había sido más que una alucinación.

Hoy se sentía en un estado muy curioso, un estado similar al que había precedido a sus ataques en años pasados.

Recordaba que en esos momentos solía estar particularmente distraído, y no podía distinguir entre objetos y personas a menos que concentrara en ellos una atención especial.

Recordaba haber visto algo en el escaparate marcado en sesenta kopeks.

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