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I

Las niñas podían ver que su madre les ocultaba gran parte de las cosas y que omitía grandes fragmentos de la carta al leérsela.

Sin embargo, se había roto el hielo, y de pronto volvió a ser posible mencionar el nombre del príncipe. Y una vez más se puso de manifiesto cuán profunda era la impresión que el joven había causado en el hogar con su única visita. La señora Epanchin se sorprendió del efecto que las noticias de Moscú causaron en las muchachas, y estas no se sorprendieron menos de que, tras señalar solemnemente que su rasgo más destacado era «equivocarse con las personas», se hubiera tomado la molestia de conseguir para el príncipe el favor y la protección de una anciana tan influyente como la princesa Bielokonski. Tan pronto como se rompió así el hielo, el general no perdió el tiempo en demostrar que él también se interesaba vivamente por el asunto. Admitió que le interesaba, pero dijo que era meramente en el aspecto comercial de la cuestión. Al parecer, en beneficio del príncipe, había dispuesto en Moscú que se vigilara de cerca los

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