—¡Oh! Calla ya; ¡eres demasiado absurdo!
“Así es como murió. Después de tanto honor y gloria, después de haber sido casi una reina, fue guillotinada por ese carnicero, Samson. Era totalmente inocente, pero había que hacerlo, para satisfacción de las vendedoras de pescado de París. Estaba tan aterrorizada que no comprendía lo que estaba sucediendo.
Pero cuando Samson la agarró de la cabeza y la empujó bajo la cuchilla con el pie, ella exclamó: «¡Espere un momento! ¡Espere un momento, monsieur!».
Bien, a causa de ese momento de amargo sufrimiento, tal vez el Salvador le perdone sus otras faltas, pues no se puede imaginar una agonía mayor.
Mientras leía la historia, mi corazón se desangraba por ella. ¿Y qué te importa a ti, gusanito, si imploré la divina misericordia para ella, gran pecadora como era, mientras rezaba mi oración de la noche? Puede que lo haya hecho porque dudaba de