Hippolyte le contó esta última historia al príncipe, haciéndole venir a propósito. Cuando Mishkin oyó lo de la vela y el dedo de Gania, se había reído de tal modo que dejó bastante atónito a Hippolyte, y luego se estremeció y rompió a llorar. El estado del príncipe durante aquellos días era extraño y turbado. Hippolyte declaró abiertamente que creía que había perdido la cabeza; esto, sin embargo, era difícil de asegurar.
Al ofrecer todos estos hechos a nuestros lectores y negarnos a explicarlos, no deseamos ni por un momento justificar la conducta de nuestro héroe. Por el contrario, estamos muy preparados para sentir nuestra parte de la indignación que su comportamiento despertó en los corazones de sus amigos. Hasta Vera Lébedev estuvo enojada con él un tiempo; también Kolia; también Keller, hasta que fue elegido padrino de boda; también el propio Lébedev —quien comenzó a intrigar en su contra por pura irritación—; pero de esto hablaremos más adelante. De hecho, estamos en total acuerdo con ciertas palabras enérgicas dichas al príncipe por Evgueni Pávlovitch, sin ninguna