El príncipe no la había visto en más de tres meses. Todos aquellos días transcurridos desde su llegada de Petersburgo había tenido la intención de hacerle una visita, pero algún presentimiento misterioso lo había retenido. No lograba imaginarse qué impresión le produciría aquel reencuentro, aunque a menudo había intentado representárselo con temor y temblor. Un hecho era del todo seguro, y es que el encuentro iba a ser doloroso.
Varias veces durante los últimos seis meses había recordado el efecto que la primera visión de este rostro había causado en él, cuando solo había visto su retrato. Recordaba bien que incluso el rostro del retrato le había dejado una impresión demasiado dolorosa.
Aquel mes en provincias, durante el cual había visto a esta mujer casi todos los días, le había impresionado tan profundamente que ahora no podía recordarlo con calma. En la propia mirada de esta mujer había algo que le