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XII

La señora Yepanchín iba arrastrando al príncipe consigo todo el tiempo, y no le soltó la mano ni un solo instante. —¿Qué estás escuchando? —añadió, al ver que se había comprometido un poco—. Quiere a un payaso como tú —hacía tiempo que no veía uno— para jugar con él. Por eso está tan deseosa de que vayas a la casa. Y muy contenta estoy de que te vaya a hacer un completo y auténtico tonto. Te lo mereces; y ella puede hacerlo —¡oh!, ¡vaya que puede!— tan bien como la mayoría.

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