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Libro I. Clío

están sucediendo? Los lidios no cesarán, al parecer, de causarme molestias y de tenerlas ellos mismos. Dudo si no sería mejor venderlos a todos como esclavos; pues, tal como están las cosas, veo que he obrado de la misma manera que si uno matara al padre y luego perdonara a sus hijos: justamente así te tomé prisionero y me llevo a ti, que eras mucho más que el padre de los lidios, mientras que a los lidios mismos les entregué su ciudad; ¿y puedo sorprenderme después de esto de que se hayan rebelado contra mí?” Así expresó lo que tenía en la mente, pero Creso le respondió de la manera siguiente, temiendo que destruyera Sardis: “Oh rey, lo que has dicho no carece de razón; mas no des rienda suelta del todo a tu ira, ni destruyas una antigua ciudad que es inocente tanto de los hechos anteriores como de los que han acaecido ahora: pues en cuanto a los hechos anteriores fui yo quien los hizo y soporto las consecuencias amontonadas sobre mi cabeza; y en cuanto a lo que ahora se está haciendo, puesto que el malhechor es Pactias, a quien confiaste el cuidado de Sardis, que sea él quien pague la pena. Mas a los lidios te ruego que los perdones y les impongas las órdenes siguientes, para que no se rebele ni sean causa de peligro para ti: —envíales emisarios y prohíbe que posean armas de guerra, sino mándales, por otra parte, que se vistan con túnicas bajo sus mantos y calzen botines, y proclámales que instruyan a sus hijos para tocar la lira y la cítara y para ser mercaderes; y pronto verás, oh rey, que se han vuelto mujeres en lugar de hombres, de modo que no habrá temor de que se rebelen contra

  1. Creso, digo, le sugirió esto, comprendiendo que era mejor para los lidios que ser reducidos a esclavitud y vendidos; pues sabía que, si no presentaba una razón suficiente, no persuadiría a
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