os quedéis solos y privados de aliados como nosotros, recordaréis mis palabras». 63. Cuando Temístocles habló de esta manera, Euribíades se vio persuadido a cambiar de opinión; y, según creo, cambió de opinión principalmente por el temor de que los atenienses se marcharan y los abandonaran, si llevaba las naves al Istmo; pues si los atenienses los abandonaban y se marchaban, el resto ya no sería capaz de luchar con el enemigo. Escogió entonces este parecer: permanecer en ese lugar y decidir allí los asuntos mediante un combate
- Así pues, los de Salamina, después de haber disputado entre sí de palabra, hacían preparativos para librar allí un combate naval, ya que así lo había decidido Euribíades; y al ir amaneciendo, al mismo tiempo que salía el sol, se sintió un terremoto tanto en la tierra como en el mar; y decidieron rogar a los dioses y convocar a los hijos de Éaco para que fuesen sus auxiliares. Y tal como lo habían decidido, así también lo hicieron; pues tras haber rezado a todos los dioses, invocaron a Áyax y a Telamón para que los ayudasen desde Salamina, donde estaba la flota, y enviaron un barco a Egina para traer al propio Éaco y al resto de los hijos de Éaco.