- Después de estas cosas decían que este rey descendió vivo a ese lugar que por los helenos es llamado Hades, y que allí jugó a los dados con Deméter, y en unas tiradas la vencía y en otras era vencido por ella; y que volvió de nuevo teniendo como un regalo de ella un pañuelo de oro: y me contaron que a causa del descenso de Ramsinito los egipcios, después que él volvió, celebraron una fiesta, que yo sé por conocimiento propio que todavía observan incluso hasta mi época; mas si es por esta causa por la que guardan la fiesta o por alguna otra, no soy capaz de decirlo. Con todo, los sacerdotes tejen un manto por completo el mismo día de la fiesta, y al instante atan los ojos de uno de ellos con una venda, y habiéndolo conducido con el manto al camino por el que se va al templo de Deméter, se marchan de vuelta ellos mismos. Este sacerdote, dicen, con los ojos vendados es conducido por dos lobos al templo de Deméter, que dista de la ciudad veinte estadios, y luego después los lobos lo conducen de vuelta desde el templo al mismo lugar. 123. Ahora bien, en cuanto a los relatos contados por los egipcios, cualquier hombre puede aceptarlos a quien tales cosas le parezcan creíbles; en cuanto a mí, debe entenderse a lo largo de toda la historia que escribo por oídas aquello que es relatado por la gente en cada lugar. Los egipcios dicen que Deméter y Dioniso son gobernantes del mundo subterráneo; y los egipcios son también los primeros que divulgaron la doctrina de que el alma del hombre es inmortal, y que cuando el cuerpo muere, el alma entra en otra criatura que da la casualidad de que nace entonces, y cuando ha recorrido el círculo de todas las criaturas terrestres, marinas y aéreas, entra de nuevo en un cuerpo humano al nacer; y que hace este recorrido en un periodo de tres mil años. Esta doctrina ciertos helenos la adoptaron, unos antes y otros después, como si fuera de su propia invención, y de estos hombres sé los nombres pero me abstengo de consignarlos.
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Libro II. Euterpe
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