hallaban cerca y presentaban acusaciones continuamente contra los atenienses, al tiempo que el propio Darío deseaba aprovechar este pretexto y someter a aquellas naciones de la Hélade que no le habían entregado tierra y agua. A Mardonio entonces, dado que le habíase ido miserablemente en su expedición, lo relevó de su mando; y designando a otros generales para el mando, los despacho contra Eretria y Atenas, a saber: Datis, que era medo por su linaje, y Artafrenes, hijo de Artafrenes, sobrino del rey; y los envió con la encomienda de reducir a esclavitud a Atenas y a Eretria y de traer a los esclavos ante su presencia. 95. Cuando estos que habían sido designados para el mando llegaron en su marcha desde el rey a la llanura de Alecia en Cilicia, llevando consigo un ejército de tierra grande y bien equipado, mientras acampaban allí, llegó toda la armada naval, que había sido asignada para ser abastecida por varias naciones; y acudieron a ellos también los barcos de transporte de caballos, que el año anterior Darío había ordenado preparar a sus tributarios. En ellos colocaron sus caballos y, habiendo embarcado al ejército de tierra en las naves, zarparon hacia Jonia con seiscientas triremes. Después de esto no mantuvieron sus naves costeando el continente hacia el Helesponto y Tracia, sino que partieron de Samos y realizaron su travesía por el mar Icario y entre las islas; porque, según creo, temían más que nada la travesía alrededor de Atos, viendo que en el año anterior, al realizar el paso por este camino, habían sufrido una gran catástrofe. Además también Naxos los obligó [a ello], ya que no había sido conquistada en la ocasión anterior. 96. Y cuando hubieron llegado a Naxos, viniendo contra ella desde el mar Icario (pues fue contra Naxos primeramente que los persas tenían la intención de hacer una expedición, recordando los acontecimientos anteriores), los nagxios
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Libro VI
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