habiéndose enterado de ello, zarparon con naves de guerra y se la llevaron; pero los propios samios dicen que los lacedemonios que transportaban la vasija, al comprobar que llegaban demasiado tarde y enterarse de que Sardes había sido tomada y Creso era prisionero, vendieron la vasija en Samos, y ciertos particulares la compraron y la consagraron como ofrenda votiva en el templo de Hera; y es probable que quienes la habían vendido dijeran al regresar a Esparta que les había sido arrebatada por los samios.
- Así ocurrió, pues, lo del ánfora; pero entretanto Creso, interpretando mal el oráculo, avanzaba en marcha hacia Capadocia, con la expectativa de derrocar a Ciro y el poder de los persas. Y mientras Creso se preparaba para marchar contra los persas, uno de los lidios, a quien ya desde antes se tenía por hombre prudente pero que a consecuencia de esta opinión adquirió una gran fama de sabiduría entre los lidios, le aconsejó lo siguiente (el nombre de aquel hombre era Sandanis): —«Oh rey, te preparas para marchar contra hombres que llevan calzones de cuero y el resto de su ropa es también de cuero; y comen un alimento no el que desean, sino el que pueden conseguir, pues habitan una tierra agreste; además, no hacen uso del vino, sino que abrevan con agua, y no tienen higos para el postre ni ninguna otra cosa buena. Por un lado, si los vences, ¿qué les quitarás, dado que no tienen nada?; y por otro lado, si eres vencido, considera cuántos bienes perderás; pues una vez que hayan probado nuestros bienes, se aferrarán a ellos firmemente y no será posible apartarlos. Yo, por mi parte, agradesco a los dioses que no infundan en la mente de los persas el deseo de marchar contra los lidios». Así habló, sin persuadir a Creso; pues es verdad, en efecto, que los persas, antes de someter a los lidios, no tenían ningún lujo ni ninguna cosa buena.
- Ahora bien, los capadocios son