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Libro III. Talia

  1. Cuando Cambises llegó a Menfis, se le apareció Apis a los egipcios —a quien los helenos llaman Épafo—; y, una vez que hubo aparecido, al instante los egipcios comenzaron a vestir sus mejores ropas y a celebrar fiestas. Cambises, al ver que los egipcios actuaban de ese modo y al suponer que sin duda lo hacían para alegrarse por sus desdichas, mandó llamar a los magistrados encargados de Menfis; y, cuando se presentaron ante él, les preguntó por qué, la anterior vez que había estado en Menfis, los egipcios no habían hecho nada de esto, sino únicamente ahora, cuando llegaba tras haber perdido una gran parte de su ejército. Ellos respondieron que un dios se les había aparecido, el cual solía manifestarse a largos intervalos de tiempo, y que cada vez que aparecía, entonces todos los egipcios se alegraban y celebraban fiestas. Al oír esto, Cambises dijo que mentían y, por mentirosos, los condenó a muerte. 28. Habiendo dado muerte a estos, a continuación mandó llamar a los sacerdotes; y, cuando los sacerdotes le respondieron de la misma manera, dijo que no se le ocultaría si un dios manso había venido a los egipcios; y, habiendo dicho esto, ordenó a los sacerdotes que trajeran a Apis ante su presencia, de modo que ellos fueron a traerlo. Pues este Apis-Épafo es un becerro nacido de una vaca a la que después no le está permitido concebir ninguna otra cría; y los egipcios dicen que un relámpago desciende del cielo sobre esta vaca, y de este ella engendra a Apis. Este becerro que es llamado Apis es negro y tiene las siguientes señales: una mancha blanca en forma de cuadrado en la frente, sobre el lomo la figura de un águila, los pelos de la cola dobles y, en la lengua, una marca semejante a un escarabajo. 29. Cuando los sacerdotes hubieron traído a Apis, Cambises, afectado en cierto modo por la locura, desenvainó su puñal
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