Los papeles a cuya lectura se había retirado no le dijeron gran cosa en realidad; pero lo sumergieron en una atmósfera en la que se ahogaba y tosía.
Consistían principalmente en un intercambio de cartas entre los procuradores del conde Olenski y un bufete francés al que la condesa había recurrido para la liquidación de su situación financiera.
Había también una breve carta del conde dirigida a su esposa: tras leerla, Newland Archer se puso en pie, metió los papeles a empujones en su sobre y volvió a entrar en el despacho del señor Letterblair.
—Aquí están las cartas, señor. Si lo desea, iré a ver a la señora Olenska —dijo con voz contenida.
“Gracias—gracias, señor Archer. Venga a cenar conmigo esta noche si está libre, y examinaremos el asunto después: por si desea visitar a nuestra clienta mañana”.
Newland Archer walked straight home again that afternoon. It was a winter evening of transparent clearness, with an innocent young moon above the housetops; and he wanted to fill his soul’s lungs with the pure radiance, and not exchange a word with anyone till he and Mr. Letterblair were closeted together after dinner.
It was impossible to decide otherwise than he had done: he must see Madame Olenska himself rather than let her secrets be bared to other eyes. A great wave of compassion had swept away his indifference and impatience: she stood before him as an exposed and pitiful figure, to be saved at all costs from farther wounding herself in her mad plunges against fate.
Recordó lo que ella le había dicho sobre el deseo de la señora Welland de ser preservada de todo lo que fuera «desagradable» en su historia, y se