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nydus/The Age of InnocencePublic
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XXXIII

—¿Tiene alguno? —exclamó el señor Sillerton Jackson, parando las orejas; y mientras Lefferts intentaba esquivar la pregunta con una risa, el viejo caballero le trinó al oído a Archer—: Qué cosa esos tipos que siempre andan queriendo arreglar las cosas. La gente que peor come es la que siempre te dice que la han envenenado cuando cena fuera. Pero me enteré de que hay razones apremiantes para la diatriba de nuestro amigo Lawrence:⁠—máquina de escribir esta vez, tengo entendido.⁠ ⁠…

La conversación pasó junto a Archer como un río insensato que corría y corría porque no sabía lo suficiente como para detenerse. Vio, en los rostros a su alrededor, expresiones de interés, diversión e incluso regocijo. Escuchó la risa de los hombres más jóvenes y los elogios al Madeira de los Archer, que el señor van der Luyden y el señor Merry celebraban pensativos.

A través de todo ello, percibió vagamente una actitud general de simpatía hacia él, como si los guardias del prisionero que se sentía ser intentaran suavizar su cautiverio; y aquella percepción acrecentó su apasionada determinación de ser libre.

En el salón, donde al poco rato se reunieron con las damas, se encontró con los ojos triunfantes de May, y leyó en ellos la convicción de que todo había “salido” a pedir de boca. Ella se levantó del lado de Madame Olenska, y enseguida la señora van der Luyden hizo señas a esta última para que ocupara un asiento en el sofá dorado donde reinaba. La señora Selfridge Merry cruzó la estancia para unirse a ellas, y a Archer le quedó claro que allí también se estaba gestando una conspiración de rehabilitación y borrón y cuenta nueva. La silenciosa organización que mantenía unido a su pequeño mundo estaba decidida a dejar constancia de que jamás, ni por un momento,

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