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nydus/The Age of InnocencePublic
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XVI

Se preguntó qué habría dicho la señora Welland de haber pronunciado las palabras en lugar de limitarse a pensarlas. Podía imaginarse la repentina descomposición de sus rasgos firmes y apacibles, a los que el dominio de toda la vida sobre las pequeñeces les había conferido un aire de autoridad facticia.

Aún perduraban en ellos los vestigios de una belleza fresca parecida a la de su hija; y se preguntó si el rostro de May estaba condenado a volverse tosco hasta convertirse en esa misma imagen madura de inocencia invencible.

¡Ah, no, él no quería que May tuviera esa clase de inocencia, la inocencia que sella la mente contra la imaginación y el corazón contra la experiencia!

—Creo firmemente —prosiguió la señora Welland— que, de haberse sabido ese horrible asunto por los periódicos, habría sido el golpe de gracia para mi marido. No sé ninguno de los detalles; solo pido no saberlos, como le dije a la pobre Ellen cuando intentó hablarme de ello. Teniendo un inválido al que cuidar, tengo que mantener la mente alegre y despejada. Pero el señor Welland estaba terriblemente disgustado; tuvo un poco de fiebre todas las mañanas mientras esperábamos saber qué se había decidido. Fue el horror de que su niña se enterara de que tales cosas eran posibles... pero, por supuesto, querido Newland, tú también sentiste eso. Todos sabíamos que estabas pensando en May.

—Siempre estoy pensando en May —replicó el joven, poniéndose en pie para dar por terminada la conversación.

Había tenido la intención de aprovechar su conversación a solas con la señora Welland para instarla a adelantar la fecha de su boda. Pero no se le ocurrió ningún argumento que pudiera conmoverla y, con una sensación de alivio, vio llegar al señor Welland y a May en coche hasta la puerta.

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