cuñada de May Archer, la señora Jack Welland, cuyo esposo había sido nombrado tutor de la muchacha. El hecho la situaba en una relación casi de prima con los hijos de Newland Archer, y a nadie le sorprendió cuando se anunció el compromiso de Dallas.
Nada podría dar con mayor claridad la medida de la distancia que el mundo había recorrido. La gente hoy en día estaba demasiado ocupada —ocupada con reformas y «movimientos», con manías, fetiches y frivolidades— como para molestarse mucho en pensar en sus vecinos. ¿Y qué importaba el pasado de cualquiera, en el enorme caleidoscopio donde todos los átomos sociales giraban en el mismo plano?
Newland Archer, contemplando desde la ventana de su hotel la suntuosa alegría de las calles de París, sintió latir su corazón con la confusión y el entusiasmo de la juventud.
It was long since it had thus plunged and reared under his widening waistcoat, leaving him, the next minute, with an empty breast and hot temples. He wondered if it was thus that his son’s conducted itself in the presence of Miss Fanny Beaufort—and decided that it was not.
“It functions as actively, no doubt, but the rhythm is different,” he reflected, recalling the cool composure with which the young man had announced his engagement, and taken for granted that his family would approve.
“La diferencia es que estos jóvenes dan por sentado que van a conseguir lo que quieran, y nosotros dábamos casi siempre por sentado que no debíamos hacerlo. Solo que me pregunto: aquello de lo que uno está tan seguro de antemano, ¿puede acaso hacer que el corazón le lata con tanta fuerza?”
Era el día después de su llegada a París, y el sol de primavera retenía a Archer en su ventana abierta, sobre la amplia y plateada perspectiva de la