Codal
nydus/The Age of InnocencePublic
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XX

—¿De qué demonios esperarán que hable? —, le imploraban sus ojos desvalidos, justo en el momento en que su deslumbrante aparición despertaba la misma inquietud en el pecho de ellos.

Pero la belleza, aun cuando desconfía de sí misma, despierta confianza en el corazón varonil; y el vicario y el tutor de nombre francés no tardaron en manifestar a May su deseo de hacerla sentir a gusto.

A pesar de sus mayores esfuerzos, sin embargo, la cena resultó ser un asunto languideciente. Archer notó que la manera que tenía su esposa de mostrarse a sus anchas con los extranjeros consistía en volverse más implacablemente local en sus referencias, de modo que, aunque su hermosura era un estímulo para la admiración, su conversación resultaba ser un freno para la réplica. El vicario pronto abandonó la lucha; pero el tutor, que hablaba un inglés de lo más fluido y perfecto, continuó vertiéndolo galantemente sobre ella hasta que las señoras, para el manifiesto alivio de todos los presentes, subieron al salón.

El vicario, después de una copa de oporto, se vio obligado a marcharse apresuradamente a una reunión, y el sobrino tímido, que parecía ser un enfermo, fue enviado a la cama.

Pero Archer y el tutor continuaron sentados ante su vino, y de repente Archer se descubrió hablando como no lo había hecho desde su último simposio con Ned Winsett.

El sobrino de los Carfry, según resultó, había estado amenazado de tisis y había tenido que dejar Harrow para irse a Suiza, donde había pasado dos años en el aire más templado del lago Lemán.

Como era un joven aficionado a los libros, había sido confiado a M. Rivière, quien lo había traído de vuelta a Inglaterra y debía permanecer con él hasta que ingresara en Oxford la primavera siguiente; y M. Rivière añadió con sencillez que entonces tendría que buscarse otro empleo.

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