Codal
nydus/The Age of InnocencePublic
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VI

debían a la inoportuna llegada de la condesa Olenska. Allí estaba él, en el mismo momento de su compromiso —un momento para pensamientos puros y esperanzas sin nubes—, arrojado de golpe a una maraña de escándalo que planteaba todos los problemas particulares que él habría preferido dejar en paz. «¡Que se la lleve el diablo a Ellen Olenska!», refunfuñó mientras tapaba el fuego y empezaba a desnudarse. No lograba comprender realmente por qué el destino de ella habría de tener la menor relación con el suyo; sin embargo, intuía vagamente que apenas empezaba a medir los riesgos de la defensa que su compromiso le había impuesto.

Pocos días después cayó el rayo.

Los Lovell Mingott habían enviado invitaciones para lo que se conocía como «una comida formal» (es decir, tres lacayos adicionales, dos platos por cada tiempo y un ponche romano en el centro), y habían encabezado sus invitaciones con las palabras «Para conocer a la condesa Olenska», de acuerdo con la hospitalaria usanza americana, que trata a los extranjeros como si fuesen de la realeza, o al menos como a sus embajadores.

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