Manson Mingott el día del torneo de arquería: > «Tal vez, después de todo, Ellen sería más feliz con su
Aun en el tumulto de los nuevos descubrimientos, Archer recordaba su indignada exclamación, y el hecho de que, desde entonces, su esposa no le había vuelto a mentar a Madame Olenska.
Su descuido al aludir a ella había sido, sin duda, la paja alzada para ver de qué lado soplaba el viento; el resultado había sido comunicado a la familia y, a partir de entonces, Archer había quedado tácitamente excluido de sus deliberaciones.
Admiraba la disciplina tribal que hacía que May se sometiera a tal decisión. No lo habría hecho, lo sabía, de habérselo protestado su conciencia; pero probablemente compartía el criterio familiar de que a Madame Olenska le iría mejor como esposa infeliz que como mujer separada, y de que no servía de nada discutir el asunto con Newland, quien tenía la incómoda costumbre de, de repente, no dar por sentado lo más fundamental.