rígido y frío en las pestañas, y advirtió que había estado llorando y que el viento le había congelado las lágrimas.
Se metió las manos en los bolsillos y caminó a buen ritmo por la Quinta Avenida hacia su propia casa.
rígido y frío en las pestañas, y advirtió que había estado llorando y que el viento le había congelado las lágrimas.
Se metió las manos en los bolsillos y caminó a buen ritmo por la Quinta Avenida hacia su propia casa.