era persuadirlo, lo antes posible, de que se casara con una muchacha formal, y luego confiar en que ella se ocupara de él.
En las complicadas y viejas comunidades europeas, empezó a conjeturar Archer, los problemas amorosos debían de ser menos simples y menos fáciles de clasificar.
Las sociedades ricas, ociosas y ornamentales debían de producir muchas más situaciones de ese tipo; y podría haber incluso una en la que una mujer naturalmente sensible y distante se viera arrastrada, sin embargo, por la fuerza de las circunstancias, por pura indefensión y soledad, a un vínculo inexcusable según las normas convencionales.
Al llegar a casa le escribió unas líneas a la condesa Olenska, preguntándole a qué hora del día siguiente podría recibirlo, y las envió con un recadero, quien regresó al poco rato con una breve respuesta que indicaba que ella iba a Skuytercliff a la mañana siguiente para pasar el fin de semana con los van der Luyden, pero que él la encontraría sola esa misma noche después de cenar.
La nota estaba escrita en una media hoja bastante desaliñada, sin fecha ni dirección, pero su letra era firme y suelta.
Le divirtió la idea de que ella pasara el fin de semana en la majestuosa soledad de Skuytercliff, pero inmediatamente después sintió que allí, entre todos los lugares, sería donde más sentiría el frío de unas mentes apartadas rigurosamente de lo «desagradable».
Estaba en la oficina de Mr. Letterblair puntualmente a las siete, contento con el pretexto para disculparse poco después de cenar. Se había forjado su propia opinión a partir de los documentos que le habían confiado, y no le apetecía especialmente profundizar en el asunto con su socio