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nydus/The Age of InnocencePublic
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XV

—No estaré aquí mucho tiempo —replicó, endureciéndosele los labios con el esfuerzo de decir justamente eso y nada más.

“No; lo sé. Pero soy imprudente: vivo en el momento cuando soy feliz”.

Las palabras se le deslizaron dentro como una tentación, y para cerrar sus sentidos a ella se alejo del hogar y se quedo contemplando los oscuros troncos de los árboles contra la nieve.

Pero era como si ella también hubiera cambiado de sitio, y aún la veía, entre él y los árboles, inclinada sobre el fuego con su sonrisa indolente.

El corazón de Archer latía insubordinadamente. ¿Y si era de él de quien había estado huyendo, y si había esperado para decírselo hasta que estuvieron allí a solas en esta habitación secreta?

—Ellen, si de verdad te sirvo de ayuda, si de verdad querías que viniera, dime qué te pasa, dime de qué estás huyendo —insistió él.

Habló sin cambiar de postura, sin siquiera volverse a mirarla: si la cosa iba a suceder, tenía que suceder de este modo, con toda la anchura de la habitación entre ambos, y los ojos aún fijos en la nieve de afuera.

Durante un largo momento guardó silencio; y en ese instante Archer la imaginó, casi la oyó, deslizándose sigilosamente a sus espaldas para echarle los delgados brazos al cuello.

Mientras esperaba, con el alma y el cuerpo palpitantes ante el milagro por venir, sus ojos retuvieron mecánicamente la imagen de un hombre abrigado con un pesado abrigo y el cuello de piel levantado que avanzaba por el sendero hacia la casa. El hombre era Julius Beaufort.

—¡Ah! —exclamó Archer, prorrumpiendo en una carcajada.

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