el vestido en cuestión no era lo suficientemente
La señora Archer sonrió ante esta confirmación de su deducción. —Pobre Ellen —se limitó a comentar, y añadió con compasión—: Siempre debemos tener presente la educación tan excéntrica que le dio Medora Manson. ¿Qué se puede esperar de una chica a la que dejaron llevar raso negro en su baile de puesta de largo?
—¡Ah, si no la recordaré yo con él! —dijo el señor Jackson, y añadió: «¡Pobre muchacha!», con el tono de quien, a la vez que disfrutaba del recuerdo, había comprendido perfectamente en su momento lo que aquel espectáculo presagiaba.
—Es extraño —comentó Janey— que haya conservado un nombre tan feo como Ellen. Yo lo habría cambiado por Elaine.
Miró alrededor de la mesa para comprobar el efecto de esto.
Su hermano se rio. «¿Por qué Elaine?»
“No lo sé; suena más bien... más polaco”,