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nydus/The Age of InnocencePublic
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XXI

Detrás de él, los ventanales franceses de los salones por los que había atravesado dejaban ver, entre cortinas de encaje que se mecían, relucientes suelos de parquet salpicados como islas de pufs de cretona, sillones bajos y mesitas de terciopelo cubiertas de chucherías de plata.

El club de arquería de Newport siempre celebraba su reunión de agosto en casa de los Beaufort. Este deporte, que hasta entonces no había tenido más rival que el críquet, empezaba a ser desplazado en favor del tenis sobre césped; pero este último juego todavía se consideraba demasiado brusco e inelegante para las ocasiones sociales, y como oportunidad para lucir bonitos vestidos y posturas elegantes, el arco y la flecha se mantenían firmes.

Archer contempló con asombro el familiar espectáculo. Le sorprendía que la vida siguiera su viejo curso cuando sus propias reacciones ante ella habían cambiado por completo. Fue Newport lo que le hizo comprender por primera vez la magnitud del cambio. En Nueva York, durante el invierno anterior, después de que May y él se hubieran instalado en la nueva casa de color verde amarillento con mirador y vestíbulo pompeyano, había regresado con alivio a la vieja rutina de la oficina, y la reanudación de aquella actividad diaria le había servido de nexo con su antiguo yo. Luego había estado la placentera emoción de elegir un vistoso caballo tordo para el carruaje de May (los Welland habían regalado el carruaje), y la constante ocupación e interés de arreglar su nueva biblioteca, la cual, a pesar de las dudas y desaprobaciones familiares, había llevado a cabo tal como lo había soñado, con un papel oscuro y gofrado, estanterías Eastlake y sillones y mesas «sinceros». En el Century se había reencontrado con Winsett, y en el Knickerbocker, con los elegantes jóvenes de su círculo; y entre las horas dedicadas a la abogacía y las destinadas a cenar fuera u hospedar amigos en casa, con

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