Codal
nydus/The Age of InnocencePublic
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XXVIII

Era cierto consuelo (para aquellos cuyos valores no corrían peligro) poder recordarse a sí mismos que Beaufort era ; pero, a fin de cuentas, si un Dallas de Carolina del Sur adoptaba su postura sobre el asunto y hablaba con ligereza de que pronto volvería a «estar en pie», el argumento perdía fuerza y no quedaba más remedio que aceptar esta terrible prueba de la indisolubilidad del matrimonio.

La sociedad tenía que apañárselas para prescindir de los Beaufort, y se acabó⁠—salvo, en verdad, para aquellas desdichadas víctimas del desastre como Medora Manson, las pobres y ancianas señoritas Lanning y ciertas otras damas descarriadas de buena familia que, de haber escuchado tan solo al señor Henry van der Luyden⁠…

“Lo mejor que pueden hacer los Beaufort,” dijo la señora Archer, resumiéndolo como si estuviera dictando un diagnóstico y recetando un tratamiento, “es irse a vivir al pequeño lugar de Regina en Carolina del Norte. Beaufort siempre ha tenido una cuadra de carreras, y haría mejor en criar caballos de trote. Yo diría que reúne todas las cualidades de un marchante de caballos exitoso”.

Todos estuvieron de acuerdo con ella, pero nadie se dignó a averiguar qué pensaban hacer realmente los Beaufort.

Al día siguiente, la señora Manson Mingott estaba mucho mejor: recuperó la voz lo suficiente como para dar órdenes de que nadie volviera a mencionarle a los Beaufort, y preguntó —cuando hizo su aparición el doctor Bencomb— qué diablos se proponía su familia al armar tanto alboroto por su salud.

—Si la gente de mi edad come ensalada de pollo por la noche, ¿qué pueden esperar? —preguntó; y habiendo el doctor modificado oportunamente su dieta, el derrame se transformó en un ataque de indigestión.

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