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nydus/The Age of InnocencePublic
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XXXI

hecho ningún esfuerzo por recuperar el favor de su abuela. Por lo tanto, si había cambiado de rumbo, debía de ser por una razón diferente.

No tuvo que buscar lejos para encontrar esa razón. En el camino desde el transbordador ella le había dicho que él y ella debían permanecer separados; pero se lo había dicho con la cabeza apoyada en su pecho.

Él sabía que no había coquetería calculada en sus palabras; ella estaba luchando contra su destino como él había luchado contra el suyo, y se aferraba desesperadamente a su resolución de no faltar a la palabra dada a la gente que confiaba en ellos.

Pero durante los diez días transcurridos desde su regreso a Nueva York, tal vez ella había adivinado por su silencio, y por el hecho de no haber intentado verla, que él estaba meditando un paso decisivo, un paso sin retorno. Ante tal pensamiento, un miedo repentino a su propia debilidad podría haberse apoderado de ella, y tal vez había sentido que, después de todo, era mejor aceptar el compromiso habitual en tales casos y seguir la línea de menor resistencia.

Una hora antes, al llamar al timbre de la señora Mingott, Archer se había imaginado que tenía el camino despejado ante sí.

Había tenido la intención de hablar a solas con Madame Olenska y, a falta de eso, de averiguar por boca de su abuela en qué día y en qué tren regresaba a Washington.

En ese tren pensaba unírsele y viajar con ella a Washington, o tan lejos como ella estuviera dispuesta a ir. Su propia fantasía se inclinaba hacia el Japón.

En cualquier caso, ella comprendería al instante que, adonde fuera, él iba a ir. Tenía la intención de dejarle a May una nota que cortara cualquier otra alternativa.

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