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nydus/The Age of InnocencePublic
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XXIII

aún flotaba sobre la ciudad, pero por delante se extendía un mundo fresco de aguas rizadas y promontorios distantes con faros bajo el sol. Madame Olenska, recostada contra la borda del bote, absorbió la frescura con los labios entreabiertos. Se había enrollado un largo velo alrededor del sombrero, pero este dejaba su rostro descubierto, y a Archer le llamó la atención la alegre tranquilidad de su expresión. Parecía tomar su aventura como algo natural, sin temor a encuentros inesperados ni (lo que era peor) indebidamente entusiasmada por la posibilidad de que ocurrieran.

En el despojado comedor de la posada, que él había esperado tener para ellos solos, encontraron a un grupo estridente de jóvenes y muchachitas de aspecto inocente —maestros de escuela de vacaciones, les dijo el posadero— y el corazón de Archer decayó ante la idea de tener que hablar por encima de su ruido.

—Esto no tiene remedio; pediré un reservado —dijo; y Madame Olenska, sin poner ninguna objeción, esperó mientras él iba a buscarlo. El cuarto daba a una larga galería de madera, con el mar entrando por las ventanas. Era austero y fresco, con una mesa cubierta con un mantel de cuadros bastos y decorada con un frasco de encurtidos y un pastel de arándanos bajo una campana de alambre. Ningún cabinet particulier de aspecto más inocente había ofrecido jamás su refugio a una pareja clandestina: a Archer le pareció ver el sentido de su tranquilidad en la sonrisa levemente divertida con la que Madame Olenska se sentó frente a él. Era probable que una mujer que se había fugado de su marido —y, según se decía, con otro hombre— hubiera dominado el arte de dar las cosas por sentadas; pero algo en la cualidad de su aplomo le quitaba filo a su ironía.

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