“Tú no conoces la honra. El mismo Lurgan Sahib ha preguntado por ti. Subirás la colina y seguirás por el camino de arriba, y allí habrás de olvidar por un tiempo que alguna vez me has visto o me has hablado a mí, Mahbub Ali, que vende caballos a Creighton Sahib, a quien tú no conoces. Recuerda esta orden”.
Kim asintió. «Bueno —dijo él—, ¿y quién es Lurgan Sahib? No» —al captar la mirada afilada como un sable de Mahbub— «en verdad jamás he oído su nombre. ¿Es por ventura» —bajó la voz— «uno de los nuestros?».
—¿Qué pláticas son estas de nosotros, Sahib? —replicó Mahbub Ali con el tono que usaba con los europeos—. Yo soy un pastún; tú eres un Sahib e hijo de un Sahib. Lurgan Sahib tiene una tienda entre las tiendas europeas. Todo Simla lo sabe. Pregunta allí... y, Amigo de todo el Mundo, es alguien a quien hay que obedecer hasta el último parpadeo. La gente dice que hace magia, pero eso no debería afectarte. Sube la colina y pregunta. Aquí comienza el Gran Juego.