“Eso es de lo más verree desconcertante por parte de los europeos, Míster O’Hara. A su edad, usted debería saberlo requetebién”.
—Pero quiero saber —dijo Kim riendo—. Si es el Juego, puedo ayudar. ¿Cómo voy a hacer nada si te pones a bukh por toda la tienda?
Hurree Babu alargó la mano hacia la pipa y la chupó hasta que volvió a gorgotear.
“Ahora hablaré en cristiano. Quédese quietecito, señor O’Hara... Se trata del pedigrí de un semental blanco”.
«¿Todavía? Eso terminó hace mucho».
“Cuando todos estén muertos, el Gran Juego habrá terminado. Antes no. Escúchame hasta el final.
Hubo Cinco Reyes que prepararon una guerra repentina hace tres años, cuando Mahbub Ali te dio el árbol genealógico del semental. Sobre ellos, a causa de esa noticia, y antes de que estuvieran listos, cayó nuestro Ejército”.
“Ay—ochenta mil hombres con armas. Me acuerdo de esa noche.”
“Pero la guerra no prosiguió. Esa es la costumbre del Gobierno. Las tropas fueron retiradas porque el Gobierno creía que los Cinco Reyes estaban acobardados; y no resulta barato alimentar hombres entre los altos Puertos. Hilás y Bunár—rajás con cañones—se comprometieron por un precio a custodiar los Puertos contra todos los que vinieran del Norte. Protestaron a la vez temor y amistad”. Se detuvo con una risita en inglés: “Por supuesto, le digo esto oficiosamente para elucidar la situación política, míster O’Hara. Oficiosamente, tengo prohibido criticar cualquier acción de mis superiores. Ahora prosigo.—Esto le agradó al Gobierno, ansioso por evitar gastos, y se firmó un acuerdo por tantas rupias al mes para que Hilás y Bunár guardaran los Puertos tan