una pequeña historia, contada sobriamente pero interesantísima, y por lo general —contrastada con las declaraciones de R17 y M4— bastante cierta. Trataba sobre toda suerte de principados montañosos apartados, exploradores de nacionalidades distintas a la inglesa y el tráfico de armas; era, en suma, una pequeña porción de esa vasta masa de «información recibida» sobre la cual actúa el Gobierno de la India.
Pero, recientemente, cinco Reyes confederados, que no tenían nada que confederar, habían sido informados por una benévola Potencia del Norte de que había una filtración de noticias desde sus territorios hacia la India británica. Así que los Primeros Ministros de aquellos Reyes se habían enfadado seriamente y tomaron medidas, al estilo oriental.
Sospechaban, entre muchos otros, del fanfarrón tratante de caballos de barba roja cuyas caravanas surcaban sus fortalezas con la nieve hasta el vientre. Al menos, su caravana de esa temporada había sido emboscada y tiroteada dos veces en el camino de bajada, cuando los hombres de Mahbub dieron cuenta de tres extraños rufianes que bien podrían haber sido contratados para el trabajo, o no.