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XII. El mar y las colinas

y escupió los cardamomos. “Es un pedido puramente extraofeecial, al que usted puede decir ‘No, Babu’. Si no tiene un compromiso apremiante con su viejo⁠—tal vez pueda distraerlo; tal vez pueda seducir sus fantasías⁠—, me gustaría que se mantuviera en contacto departamental conmigo hasta que encuentre a esos tipos deportivos. Tengo una gran opineón de usted desde que conocí a mi amigo en Delhi. Y también incluiré su nombre en mi informe ofeecial cuando el asunto sea finalmente adjudicado. Será un gran mérito para usted. Por eso vengo en realidad”.

«¡Hum! El final del cuento, creo, es verdad; pero ¿y la primera parte?»

–¿Sobre los Cinco Reyes? ¡Oah! Hay tantísima verdad en ello. Mucho más de lo que usted supondría —dijo Hurree con seriedad.

«¿Usted viene, eh? Yo me voy de aquí derechito al Doon. Es verree verdoso y de prados pintados. Iré a Mussoorie, al buen y viejo Munsoorie Pahar, como dicen los caballeros y las damas. Luego por Rampur hacia Chini. Esa es la única manera en que pueden venir. No me gusta esperar en el frío, pero debemos esperarlos. Quiero caminar con ellos hasta Simla. Ya ve, un ruso es un francés, y conozco mi francés bastante bien. Tengo amigos en Chandernagore».

—Ciertamente se alegraría de volver a ver las Colinas —dijo Kim pensativo—. Todo su discurso de estos últimos diez días no ha tratado de casi otra cosa. Si vamos juntos...

«¡Oah! Podemos ser dos perfectos desconocidos en el camino, si tu lama lo prefiere. Yo iré simplemente cuatro o cinco millas por delante. No hay prisa por Hurree —¡eso es un juego de palabras europeo, ja, ja!— y tú vienes detrás. Hay tiempo de sobra; ellos conspirarán, harán

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