CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The OdysseyPublic
Página 145 de 448
Table of Contents

Libro VIII

a la vista, en medio de la muchedumbre troyana, que ahora lo había arrastrado hasta la ciudadela. Así quedó allí, mientras, sentados a su alrededor, parlamentaban los hombres de Troya, y no sabían qué hacer. Sucesivamente tres pareceres les agradaron: talar el hueco tronco con el acero implacable; o arrastrarlo a una altura y arrojarlo desde allí de cabeza entre las rocas; o, por último, dejar la enorme estatua en pie e intacta, como ofrenda para aplacar a los dioses. Y esto último se hizo al fin; pues así lo había decretado el destino: que serían destruidos tan pronto como su ciudad guardase dentro de sus murallas el caballo de madera, en el cual los más poderosos de los argivos llegaron entre los hijos de Troya para herir y dar muerte. Cantó entonces el bardo cómo, saliendo de las entrañas de aquel engañoso caballo, los hijos de Grecia devastaron Ilión; cómo cada cual de distinta forma asoló la ciudad, mientras, terrible como Ares, Ulises, unido a Menelao, buscó el palacio de Deífobo, y allí sostuvo un combate desesperado, hasta que el auxilio de la poderosa Palas le dio la victoria.

145