sobre la tierra ha quemado tantos muslos de animales cebados y hecatombes selectas como tú para Jove el Tonante, con la súplica de que pudieras alcanzar una apacible vejez y criar a tu glorioso hijo hasta la edad varonil; y, sin embargo, el dios te ha cercenado el regreso para siempre. Aun ahora, tal vez las mujeres de alguna casa principesca a la que él haya entrado en tierras lejanas se mofen de él como estas desdichadas criaturas se mofan de ti, oh forastero, que, para huir de sus burlas e insultos, no permites que te laven los pies. La prudente Penélope lo ordena, y yo no me niego. Te lavaré los pies, tanto por ella como por ti mismo; pues me conmueve profundamente verte. Escucha lo que digo: muchos forasteros en desgracia vienen aquí, pero no he visto a ninguno que guarde, en su talle, su voz y sus pies, semejante parecido con nuestro ausente señor como tú”.
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Libro XIX
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