Penélope, habiendo hablado así, subió A su real cámara, mas no sola; Sus doncellas la acompañaban. Cuando estuvieron dentro, Lloró por su querido esposo, hasta que al fin La de ojos glaucos, Palas, derramó con gracia Sobre sus párpados cerrados el bálsamo del sueño.
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Libro XIX
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