el último de los aqueos de broncíneas corazas en volver a su hogar. Y si llegas a saber que tu padre aún vive y ha de regresar, ten paciencia todavía un año, por muy difícil que parezca. Pero si descubres que él ya no existe, regresa de inmediato a tu propia tierra natal, alza en lo alto su monumento, celebra los funerales con toda la suntuosidad que corresponde a los muertos y permite que tu madre vuelva
Y cuando todo esto se haya cumplido por completo, consulta con tu espíritu y con tu corazón cómo destruir a la turba de pretendientes que acecha tu palacio, ya sea mediante una trampa secreta o por la fuerza abierta. Ya no debes actuar como si fueras un muchacho; has superado la edad de los juegos infantiles. ¿Acaso no has oído qué honor ganó el divino Orestes ante todos los hombres, cuando dio muerte al asesino, al astuto malvado Egisto, por cuya mano pereció el ilustre padre de Orestes? Y